Cada etapa de la vida contiene una dimensión inconmensurable compleja de transmitir. En el envejecimiento esta dimensión, en la que reside la historia, los sentimientos, las emociones, los miedos, los deseos, que forman parte de eso íntimo que guarda cada célula de este ser

cuerpo, esta situación de intimidad, ese no compartir o no decir, es mayor. Una capa densa de prejuicios, de lo que se puede hacer o no, de si se vale tener el cabello largo aunque la moda diga que queda mejor el cabello corto, ese tíñete las canas porque te vas a ver mejor y si puedes hazte cirugía y cúbrete los brazos que ya se ven feos, arrugados con la piel

caída, amarra el deseo lo enmudece y es ahí que el envejecimiento, el ser vieja o viejo, se convierte en algo mustio, gris, cuando debería ser un canto a la vida que sigue siendo vivida, entonces me atrevo a desnudar mis brazos, a hablarle a la muerte, a no dejar que los fantasmas del resquebrajamiento me ahoguen, entonces lo bailo, como bailo también al amor que fue, pero está vivo todavía.

Disfrútalo 30 y 31 de Octubre en el foro de las Artes, CENART

Entrada libre